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INTRODUCCIÓN
 
 
 

Mirando las páginas del libro, “Conversaciones con César Pérez de Tudela, que la Editorial Desnivel ha tenido la amabilidad de dedicarme, me he encontrado sorprendido de todo cuanto he dicho, acosado por las inteligentes preguntas de los entrevistadores. Las largas conversaciones que fueron necesarias para su elaboración podrían calificarse también de amables interrogatorios, a cargo de hábiles investigadores, en la que poco a poco el entrevistado fue cayendo en la evocación –conjuro para la superación de histerias- y contando todo cuando se encontraba en el profundo rincón del recuerdo.
 
Por ello, por la sinceridad de estas declaraciones, pido disculpas a quiénes pudieran lesionar mis respuestas, pretendidamente objetivas, aunque emanando siempre de mi rotunda subjetividad. Estas nunca tuvieron animus injuriandi para ninguno de los siempre admirados compañeros de la intensa vida alpina, coétaneos y contemporáneos, ni pretensiones de menoscabar el prestigio o la fama de personajes del alpinismo español.

“...Acuso la perdida de la destreza imprescindible para la escalada y el alpinismo...”

He de confesar en esta Introducción que he llegado ya al comienzo de mi mayoría de edad -ser una persona mayor- y como tal trato de comprender la vida en su compleja universalidad. La superación del cansancio, el, a veces no reaccionar con la rapidez que la inminencia del peligro requiere, el acusar la ligera decadencia en la destreza precisa, las heridas y los golpes recibidos en la larga carrera alpina, parecen síntomas inequívocos de una llegada a la mayoría de edad que quizá por cronología me corresponde. No obstante mi espíritu sigue dispuesto para seguir viviendo la grandiosa aventura. En esa misión estoy.

Cesar Pérez de Tudela
Motivado por parecidas reflexiones he redactado esta Introducción a mi mismo como si de una auto-hipnosis se tratara, para que así el lector pueda interpretar mejor mis propias respuestas en estas “Conversaciones” . Yo creo que a pesar de los cincuenta años que llevo en las sendas de la verdad hacia las cimas, persiguiendo el misterio de mi mismo, todavía no sé quién soy, o verdaderamente lo que soy: alpinista, explorador, deportista escalador, artista, estudioso, rescatador, filósofo asistemático, estudioso de la vida en las cimas, fuerte, voluntarioso, débil, escritor, comunicador pasional, poeta sin versos...

He desarrollado mi filosofía de vida pensando que el hombre, el humano, es un ser lamentable y lleno de imperfecciones. Creo que la pequeñez y mezquindad inherente al ser humano solo se redime con el esfuerzo y la epopeya. Por ello desde que descubrí la grandeza de la montaña y la lucha redentora de los alpinistas y exploradores, a través de la lectura de algunos libros reveladores y fundamentales, deseé ser explorador de montañas y escritor.

“...Escribo mis libros, en gran parte como gratitud, hacia lo que para mi representaron los escasos relatos que existían hace 40 años, sabiendo la gran influencia que supusieron...”

Las lecturas que yo necesité y sigo necesitando, son las mismas que deberán abrir las sendas de la existencia a tantos adolescentes y a personas mayores que quieren alzarse y enderezarse a sí mismo, sabiendo que solo pueden enseñar a los demás quiénes han sabido abrir su propio camino. Los libros auténticos, los escritos con la vida y sus sobresaltos, nos han ayudado mucho a todos, y yo así debo confesarlo. Por ello yo los escribo ahora, por gratitud y por el afán ingenuo de seguir sobreviviendo a los años que tratan firmemente de destruirnos. Los libros de montaña han sido hasta ahora la mejor literatura real, la comunicación de la vida tal como es, el reto en la naturaleza, fuente de vitalidad, la ciencia de la vida basada en la experiencia y en situaciones ciertas, siempre llenas de emoción, esfuerzo y sentimiento.

El abrir caminos y explorar nuevas perspectivas, es lo que yo he intentado siempre aprender y desarrollar en la montaña para comunicarlo a través de libros, entrevistas de radio y de televisión, programas y conferencias públicas: es hermoso para el alma orientar la existencia en el camino de las cimas. Quizás por ello no me gustan las expediciones guiadas, con huellas marcadas y cuerdas prefijadas, si no fuera estrictamente necesario.

Volando sobre las cimas

La vida es un camino que hay que saber encontrarlo por uno mismo. Ascendiendo, escalando o agarrándonos con la mejor técnica posible a los escollos de la montaña para llegar a la cima.

“...Estoy contento de ser como soy, aunque me arrepiento de mis reacciones primarias y socialmente poco aconsejables...”

¿Quién soy yo? ¿Soy el que creo ser? ¿Soy el que otros creen? ¿Vivo en la apariencia y no me atrevo de desprenderme de su fútil presencia? ¿Cuáles fueron las causas por las que soy  lo que soy, o quién pretendo o creo ser?  ¿He llegado o llegaré a ser verdaderamente el que quise ser? ¿Mi vida es la auténtica realidad de mi mismo? ¿O mi vida solo son respuestas a tantas preguntas que nos retrotraen al sumidero misterioso y muchas veces impreciso del recuerdo? Si quisiera ser como otros ¿alcanzaría la plenitud?

Las causas de ser como somos, se refieren fundamentalmente a lo que nos ha ocurrido a través de la existencia. En principio y fundamentalmente, el humano es por encima de condiciones biológicas, títulos, propiedades o linaje, solamente lo que le ha pasado. Y como alpinista y explorador, con cincuenta años de actividad intensa he soportado muy diversas crisis, accidentes, tragedias, circunstancias emocionantes, sensaciones de plenitud e incluso de la llamada y pretendida felicidad. Esa es mi ciencia y mi fortuna.

Estoy contento de ser quién soy y de cómo soy. Naturalmente que me arrepiento de algunas reacciones primitivas que han rebajado mi condición, con necia altanería, con ira u orgullo imperdonable. He perdonado a mis deudores y  a mi vez he solicitado el perdón en repetidas ocasiones. También he de confesar que en el caso de la humilde persona que estas lineas escribe, ha estado muy protegida por sus  principios. Estoy orgulloso y muy agradecido a la madre naturaleza-montaña de haberme hecho fuerte, de haber seguido el camino de las cimas permanentemente, sin desmayos, habiendo sabido levantarme sobre la comodidad y el infortunio, superando el cansancio, el desánimo, fortaleciendo la lealdad y exhibiendo el agradecimiento hacia los que alguna vez quisieron ayudarme.

“...He soportado desprecios y devaluaciones de mi persona inmerecidas, hechas por quienes recelaban, precisamente de mi entusiasmo vital...”

Cuando veo a muchos contra uno, casi siempre siento deseos de unirme a él, pensando que además podría llevar más razón.He testimoniado repetidamente el valor del compromiso y la palabra. La materialidad, la comodidad, y la tentación de  la voluptuosidad no han podido llevarme a la detestable vulgaridad.

He caminado buscando “mi paso” por las montañas de la vida y he encontrado la “luz” en las cimas. Las medallas de la conveniencia no han podido relegar mi admiración por los poetas sin versos, los pensadores sin filosofía o los luchadores sin triunfos.

Siento no hablar o decir lo que casi todos dicen. Por ello he sobrellevado el calificativo de polémico. Un famoso periodista deportivo dijo una vez refiriéndose a mi:
“Es polémico pero indiscutible”. Soy polemista y así lo he admitido siempre. Desde muy joven procuré no dejarme influir por la mayoría y elaboré mi propia opinión de las obras, las empresas, las realizaciones y las personas. Admiré y admiro solo aquello que estimo que es admirable y no lo que la sociedad se empeña en considerarlo así. Analizo las circunstancias de los hechos y al análisis objetivo añado el escalofrío del sentimiento, buscando las causas y los resultados más bondadosos.

Cesar Pérez de Tudela con la naturaleza

¿Quién es más indiscutible? ¿El joven poderoso y deportista o el mayor entusiasta? Son diferentes etapas de la existencia y ambas imprescindibles. Pero el número elevado de jóvenes valores queda reducido siempre a escasos veteranos. Por ello siento un profundo respeto por los supervivientes del esfuerzo, de la ilusión, vencedores de cimas y superadores de las desdichas por el juego apasionante de la existencia.

El deporte es sin duda importante. Para mi ha sido una práctica constante a lo largo de cincuenta años de vida. La preparación gimnástica para la escalada, la carrera, el esquí de fondo, el entrenamiento metódico, pero solo como medio para perseguir los horizontes verticales. Siempre me acompañó la concepción de subir hacia la cima, andando, trepando, o escalando. Subir a las montañas. Al principio solo por afán de descubrir quién era, luego por ser uno de los mejores, y muchos años después por alcanzar la tranquilidad de la reflexión profunda, acercarme a la mística y explorar la misteriosa y trascendente metafísca de las montañas. El deporte, el hecho deportivo, que sin duda tiene mucha importancia, aunque lo practique, no tiene para mí a estas alturas de la vida, una especial consideración.

Admiro la bondad y el afecto como la mayor virtud de este animal pretencioso y a pesar de todo ignorante que es hombre. Desprecio el “humanismo”, doctrina que aunque ensalzada por teólogos y filósofos, ha realizado un culto pretencioso e inmerecido del pobre ser humano, único servidor de la Tierra y de todos sus seres, a los que debería profesar respeto por su vida y no ejercer la triste vileza de la crueldad, principal característica humana, que el “humanismo” nunca hizo nada por superar.

“...Reconozco que he sido imprudente, y es un milagro que siga todavía vivo...”

Desprecio el egoísmo, la cobardía y la vulgaridad, sabiendo que constituyen una  alta cuota en la vida de la sociedad actual. El extremo mandado de Zoroastro era impedir la proliferación del hombre, para preservar al mundo de la maldad humana.

Reconozco que he sido imprudente y es un milagro que siga todavía vivo. El saber que estoy vivo a pesar de mis “muertes” me llena de ingenuo y agradecido orgullo hacia Dios y la vida. He podido sobrevivir en mis aventuras por las montañas de la Tierra: en la Amazonía, en el Aconcagua, en la Tierra del Fuego, en el Himalaya, en los Alpes, en las extraordinarias montañas españolas... Y ese renacimiento una y otra vez tiene para mí un valor revelador y un poco sobrenatural.

No obstante, a pesar de poseer voluntad, valor y fé, siempre me he considerado poco inteligente. Ya lo dijeron los sabios: gran espíritu, inteligencia media, lo que ha motivado comportamientos, algunas veces, dominados por la arrogancia, siempre necia, aunque hacia personas a las que  la vida había situado en ámbitos y posiciones más altas que la mía. Es cierto que he sido crítico y por ello polemista, pero con los fuertes, nunca desconsiderado con los débiles. He sido también demasiadas veces abogado defensor de justas causas perdidas.

Escalando en la nieve

He soportado desprecios y devaluaciones inmerecidas, por parte de aquellos mismos que recelaban de mi entusiasmo vital, capacidad de lucha y espíritu de superación, los que se han aprovechado, generalmente con estratagemas poco nobles, para tratar de postergar mi nombre y mi significación. Así ha sido siempre. He pecado de ingenuidad. La virtud de los poetas.

Dicen que rebeldía es una característica inequívoca de los poetas y también de los escaladores de montañas. Los poetas –héroes del lenguaje- buscan la palabra exacta que defina la verdad.

De ser cierto yo solo habré sido un poeta adolescente que buscó la plenitud en la luz de las cimas.

He dado a los demás, mis coétaneos y mis contemporáneos, mis amigos y los que no lo son, mucho más de lo que he recibido de ellos. La vida es siempre así. Es mejor ser generoso.

Dar mucho más de lo que se recibe es el único secreto de mi éxito. Por ello siempre pido ser perdonado.


 
Cesar Pérez de Tudela Escalando
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