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EXPEDICIONES /  EXPEDICIÓN AL EVEREST
 
 
 
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  JULIO 2008 - REGRESO AL EVEREST
 

Este año 2008 no he podido cumplir mi reto y mi reencuentro con el Everest, después de vivir intensamente los preparativos, con la tensión que dicha decisión comportaba para mi. Estuve caminando por Nepal, sin poder pasar al Tíbet, cerrado por el recorrido de la antorcha de los Juegos Olímpicos chinos al campamento base de la vertiente norte, decidiendo posponer mi proyecto para la próxima temporada y concederme algo de tranquilidad para estudiar mi biología y el ritmo de mi corazón después de las intervenciones y pruebas a la que había estado sometido.

Decidí firmemente volver en la primavera del año 2009, en la que si Dios así lo quiere, intentaré la aventura de su ascensión por la vertiente norte.

Por ello he estado muy atento a todas las noticias que se han sucedido en este año de restricciones en el Everest. Han sido muchas las personas de todo el mundo que a pesar de las dificultades han alcanzado la cima, a partir del 10 de mayo, cuando China y Nepal permitieron el paso hacia lo alto.
Llegaron a la cumbre por el norte y por el sur varios españoles, de distintas regiones. Mi enhorabuena a todos ellos, por creer firmemente que han logrado una magnífica vivencia.
El Everest hoy día sin constituir una proeza excepcional, sigue siendo una aventura extraordinaria para muchas personas que practican este nuevo ejercicio del “himalayismo”, actividad que se va separando del alpinismo clásico que ha venido realizándose especialmente a lo largo del pasado siglo XX, y que supuso también la orientación y la dificultad de buscar la ruta, la soledad y la utilización exclusiva de los propios medios, sin las ayudas y facilidades que actualmente son ya normales en las cimas clásicas del Himalaya. A pesar de todas ellas la aventura puede ser apasionante.

Me ha llamado la atención la segunda ascensión del japonés Yuichiro Miura, de 75 años, que ya llegó a la cima cinco años antes, prometiendo volver años después para ser el deportista más veterano en llegar a la cumbre de la montaña más alta, cuando otro japonés de 71 años superó su marca.
Miura es un veterano del Everest, ya que organizó en 1970 una expedición para bajar esquiando la montaña por la vertiente del Lhotse, siendo el promotor y el protagonista de una de las mejores películas dedicadas a la montaña: “Everest Symphony”, un preciso documental filmado en 70 mmm. que recogía su intento como esquiador extremo, lanzándose audazmente, con un valor admirable, desde el collado Sur sobre sus esquís, eso sí, protegido por dos paracaídas abiertos que debían frenarle en su vertiginoso descenso. Yo la vi como invitado especial en el Festival de San Sebastián en 1971.
Miura cayó por la fuerte pendiente pero salvó la vida. Eso fue hace 38 años. Como decía, el japonés ha logrado otra vez la cima esta primavera del 2008, pero tampoco ha sido el más mayor como él pretendía, ya que unos días antes un antiguo soldado nepalí, Min Bahadur Sherchan, cuya edad no se ha podido acreditar, pero que declara en 76 años. Estos record por si mismo no tiene para mi una especial relevancia, pero si la admiración por el ejercicio de la gran ilusión y el saber que existen personajes que mantienen la juventud a pesar del paso inexorable y cierto de los años.

El Everest es un verdadero laboratorio del cuerpo y del espíritu. Y eso es lo que a mi, en éstas alturas de mi existencia me interesa del Everest. La investigación de mi mismo, el “porqué”, el análisis de las sensaciones, de los sentimientos, de los esfuerzos, y de las alegrías. Todo ello espero que quede grabado en mi conciencia para poder estudiarlo y después ir poco a poco contándolo.
Todo ello junto al estudio de mi sufrido corazón, para que los estudiosos de la cardiología puedan sugerir ideas y experiencias, animando a los cardiópatas a proseguir el apasionante ejercicio de la vida completamente vivos de espíritu y de cuerpo. Solo poder contarlo compensara los grandes esfuerzos y los riesgos inherentes.

 

  ENERO 2008
 

Mi inminente expedición es el Everest.

Se lo que representará para mi: denodados esfuerzos, incomodidad difícil de sobrellevar, ínfima comida de campaña, higiene inexistente, observando con cuidado el equilibrio de mi delicada salud, estudiando los latidos de mi corazón gastado, soportando los fríos acerbos durante muchas semanas, subiendo y bajando hasta lograr una aclimatación adecuada sin pasarme de optimismo.

Se a los riesgos a los que me someteré. ¿Estoy en el límite de cronología? Mis ascensiones y escaladas de estos últimos dieciséis años, en montañas de la Tierra: Andes, Patagonia, Alpes, montañas de Oceanía y Africa, tras mis dos infartos, han sido muchas y algunas importantes, incluso respetadas por compañeros mucho más jóvenes y fuertes que yo, sin haber renunciado nunca a seguir siendo “primero de la cuerda” abriendo caminos.

Voy al Everest para traer reflexiones y efectuar estudios para el mejor tratamiento de la filosofía del alpinismo, tema que me parece sustantivo y casi esencial. Quiero analizar el miedo, la nostalgia, el esfuerzo límite, el abismo, y el temor, a través de mi memoria, apuntando en mi cuaderno y en mis crónicas estados de animo, emociones, tensiones y decepciones.

Me enfrentaré al Everest, y Dios quiera que con buen juicio, no solo como un deportista que quiere la gloria de alcanzar la cima, sino fundamentalmente como la de un veterano explorador que desea seguir viviendo la emoción del riesgo y ejercitando esa juventud que está más en el alma que en el cuerpo, estudiando las razones y el “porqué” de la aceptación de la extrema incomodidad, del límite y de la superación del hombre.

Para mi volver al Everest es una actitud coherente con mi vida, siempre buscando el anhelo y la gran vivencia.

Como explorador de montañas se que, ya con lo conseguido (creo que soy uno de los exploradores de montaña que más cimas ha podido conocer por las regiones de la Tierra) en estos cincuenta años de constante actividad, tendría o tengo reservado mi lugar en los anales del alpinismo español, además de cómo estudioso y escritor, pero no quiero rendirme tan pronto.

Por motivos que ya iré explicando (entre ellos mis lesiones cardiacas) en estas crónicas, no me he dedicado especialmente al Himalaya, como ahora es moda general, a pesar de haber sido uno de los primeros exploradores españoles en esas montañas hace ya cuarenta años.
Los “ochomiles” no han sido mi terreno de juego y tengo poca experiencia en las alturas extremas, que quizás por cronología ya no deberían corresponderme.

Mi época fue la de las paredes difíciles en los Alpes, las escaladas verticales, y otras grandes y desconocidas montañas de la Tierra, con excepción precisamente del Himalaya.

Pero allí fui uno de sus primeros exploradores: Intento solitario al Annapurna en 1973, mi trágica expedición al Tirich Mir en 1971, mi expedición al Annapurna en 1986, y mis dos expediciones al Everest en 1989 por el Tíbet y en 1992 por el Nepal, junto a otras escaladas y cimas menores. No es momento ahora de hacer mención de lo ocurrido en ellas.

Solo voy al Everest para estudiar y contar mis emociones.

Por ello espero poder ir narrando a través de ésta página mis vicisitudes, mis sufrimientos, y mis miedos... Y también esas inmensas alegrías, tan esenciales, que la consecución de la cima lleva necesariamente implícitas.

 

 
César Pérez de Tudela Escalando
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